Contenida y continente

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Ayer cuando volvía a casa cargada como una sherpa debido a las 14 actividades a las que me encomiendo cada día sin hacer parada técnica en el hogar, se me cruzó una chica monísima por la calle que lucía con garbo un minibolsito, también monísimo, y no pude evitar el suspiro, mitad resignación, mitad envidia, por saber que yo nunca podré ser como ella: no me recuerdo cargando menos de 4 bultos desde que mi madre me apuntó a clases de ballet, de chelo y de jabalina cuando cumplí los 6 años.

He de confesar que dedico bastante tiempo a pensar en ese tipo de reportajes que a veces leo en revistas femeninas, en las que se invita a la entrevistada a mostrar el contenido de su bolso. Sea montaje o no, no puedo evitar sentir verdadera envidia de ellas al contemplar su contenido reluciente e inmaculado, como un impecable catálogo de objetos que te inevitablemente te encaminaran a ser la mujer perfecta.

Cuando miro estos bolsos siento como si perteneciera a otra raza, algo a medio camino entre Mary Poppins y un bandolero con su zurrón maloliente lleno hasta arriba de alfalfa. Pienso en cómo sería mi caso, si en una hipotética entrevista me pidieran mostrar el contenido de mi bolso. Me veo dándole pataditas hasta que quedara a salvo bajo una silla ajena, renegando de él, alegando que lo único que necesito cuando salgo a la calle cabe en el bolsillo de mi chaqueta, esto es: las llaves, el móvil, una cuchilla de afeitar (esto lo explicaré otro día) y el abono del metro. Trataría a toda costa de ocultar la cruda realidad:

 

Lo cual me lleva irremediablemente al siguiente punto en cuestión. Ese túnel a un pasado ya hace tiempo olvidado, ese submundo repleto de nostalgia y nicotina: el interior del forro agujereado de tu bolso. Cuando Jesuscristo dijo aquello de que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que que un rico entre en el Reino de los Cielos, como ejemplo de angosta dificultad, lo dijo porque no sabía de la existencia de los minúsculos boquetes en el interior de los bolsos del Primark. Mete la mano ahí dentro, si buscas bien encontrarás un apartamento en Torrevieja.

Estoy convencida de que el secreto del bolso de Mary Poppins no era producto de ninguna magia británica pomposa. Era sin duda un forro descosido de mala calidad.

 

via Gfycat

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