3. Enfado

Nadie está emocionalmente preparado para lo que acontece tras el período de negación: mudanzas, reparto de amigos, separación de bares… ¿Cómo hacer frente a todos estos cambios repentinos sin ahogarte con tu propio llanto? Si buscas respuestas, estás de suerte porque conozco un truco: enfadarse. Enfadarse muy fuerte.

Todo parece más fácil cuando achacamos nuestro dolor a un factor externo del cual no somos responsables. Cualquier detalle valdrá, no importa lo nimio que sea, para prender un incendio capaz de arrasar todo lo que corre riesgo de convertirse en nostalgia.

No importa que el comportamiento de tu ex haya sido ejemplar hasta la fecha. La inconmensurable capacidad de escrutinio de tu subconsciente encontrará alguna mancha, como una madre que aún estando a 200 metros de distancia de su hija es capaz de ver la mota de polvo que estropea el vestido de su pequeña el día de su primera comunión (¡hola, mamá!).

A estas “manchas” a las que agarrarse yo las llamo boyas emocionales porque como su propio nombre indica son salvavidas enormes a los que agarrarse bien fuerte cuando el chorrazo de tristeza, de duda o de flaqueza amenaza con arrastrarte hasta un precipicio emocional.

Si por ejemplo, en la separación de bares, tu ex se ha quedado con 2 de tus 3 bares favoritos de la ciudad, eso es una boya pequeña, pero servirá.

Si por ejemplo, encuentras una lista de pros y contras sobre ti escrita por tu ex y en el desglose de defectos encuentras un letal “tiene los tobillos gruesos”, eso es una boya mediana.

Si por ejemplo, a 3 meses de tu boda, con las invitaciones ya mandadas y el traje de novia ya comprado, te enteras de que tu ex te la está pegando con otra, eso, a parte de una putada, es una boya XL.

Lo bueno de estas boyas-putada es que el enfado/dolor que generan es tan intenso que la propia dimensión de la boya hace prácticamente imposible que ningún tipo de duda o debilidad te arrastre de vuelta a tu ex. Yo siempre lo comparo con un tirón de cera en la ingle: doloroso como un demonio pero rápido y limpio a su paso.

Rara vez he elegido yo el tirón de cera.

Un último apunte cosa sobre las boyas: no te agarres mucho tiempo a ellas. El enfado es transitorio, ya que actúa como catalizador de la tristeza. Si cuando llega el momento no soltamos nuestras boyas el efecto salvavidas se puede volver en nuestra contra. Y a nadie le gusta que le exploten globos en la cara.

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