3.4. Redes Sociales

Una vez cerrado el tema de la mudanza y agotadas ya las existencias de trankimacin de mi bolso, regresé a Madrid para tomar un avión rumbo a Dubai donde, siguiendo el riguroso timing de dolor y sadismo, mi familia había decidido pasar la Navidad aquel año.

Los tres años anteriores mis navidades habían sido una festividad alegre y divertida en compañía del Ex y nuestros amigos. Todos los años alquilábamos una casa en la montaña donde se simultaneaban los villancicos con los lingotazos de jagger a golpe de pandereta.

Pero ese año mi escenario era bien diferente.

Lo que me hacía estar triste y enfadada era que, no contento con quedarse con la mayoría de nuestros amigos en común, el Ex también se había quedado con la Navidad. Sus vacaciones parecían seguir siendo el jolgorio de risa y diversión al que yo ya me había malacostumbrado. ¿Y cómo lo sabía?. Ayh, amiga, pues muy sencillo: gracias a las redes sociales.

Que difícil es controlar el ansia viva por saber cómo lleva tu ex la ruptura a través de ese catalejo virtual e invisible que son las redes sociales. Qué adictivo y doloroso. Cada foto, cada like, cada comentario se convierten en granadas a esquivar en un ataque (a tu salud mental) que te has montado tu sola.

Por qué hacemos esto es un gran misterio. Si alguien viniera ahora y te preguntara amablemente “¿Te apetece que te clave estos alfileres debajo de las uñas?” seguramente (quién soy yo para juzgar los gustos de cada uno) la respuesta sería un rotundo no. También seguramente dolería menos que esa foto de tu ex con tus amigos en el salón de tu excasa.

Pero una vez ya has cubierto bien de sal la herida tienes dos opciones:

  1. Seguir por la senda del sadomasoquismo y continuar espiando a tu ex desde el sofá de tu casa, lo que equivaldría a arrancarse la piel de un tirón partiendo de un minúsculo padrastro o
  2. Plantar cara a este mal moderno y empezar la criba para cortar cualquier lazo cibernético con tu ex que pueda prolongar esta tortura.

Si tu objetivo es no volverte locatis yo te recomiendo que optes por la segunda. Gracias a las redes sociales la clínica Lopez Ibor se ha podido costear su nuevo pabellón.

Yo empecé ocultando al Ex, que no borrándolo. Creía que sería suficiente con esconderlo debajo de la alfombra pero pronto empecé a verle por todas partes: alegre y divertido en la foto de algún amigo en común, comentando la foto de otro amigo en común, en el reflejo de la pupila del selfie de otro amigo en común. Así que poco a poco fui ocultando a todos aquellos amigos en común que me recordaban lo miserable que me sentía, hasta que mi muro de Facebook se convirtió en un tablón de anuncios de recetas de comida y de clínicas de congelación de óvulos. Fue como atravesar Siberia andando en versión 3.0.

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2 Comments

  • Jana
    06/22/2020 at 12:11 PM 

    Hola!! Me encanta la historia! Es una delicia leerte. Eres muy divertida! Tiene continuación? Saludos!

    • PatriciaBolanos
      06/23/2020 at 1:08 PM 

      Hola Jana,

      Sí! Tiene continuación! A ver si tengo tiempo esta semana y actualizo.

      Gracias por leerme!

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